martes, 17 de enero de 2023

Reencuentro

 Acabo de releer el blog que utilizaba con los alumnos. Algunas de las entradas.  Y, junto a la emoción de reencontrarme con el trabajo antiguo, he pensado en recuperarlo para escribir comentarios sobre libros y películas. Siempre fue para los alumnos: ¿por qué no dejarlo abierto para todo ese mundo, inicialmente anónimo, ahora que ya no hay preocupación didáctica por medio, sino el gusto por compartir lecturas y cine?  



JAVIER  MARTÍN BARRIOS

viernes, 28 de abril de 2017

LOS SANTOS INOCENTES


VALORACIÓN CRÍTICA

DE

LOS SANTOS INOCENTES



 Comente los aspectos más relevantes de la obra que ha leído del período comprendido entre 1975 y la actualidad en relación con su contexto histórico y literario.



                Miguel Delibes es un narrador fundamental durante más de cincuenta años: desde 1948, en que publica La sombra del ciprés es alargada, hasta 1998, cuando sale a luz una novela histórica titulada El hereje, la trayectoria del escritor es de las más ricas de nuestra literatura. Con la primera obra que hemos señalado se inscribe ya en el marco de la novela existencial de los años 40; continuará con sus contribuciones a la novela social: El camino (1950) y Las ratas (1962); también, a la renovación de la técnicas narrativas, con un libro como Cinco horas con Mario (1966) y, a partir de 1975, se va a sumar a la recuperación del gusto por la historia y la narración con obras diversas, entre las que debemos mencionar esta que nos ocupa: Los santos inocentes (1981). La obra, al parecer estaba pergeñada en los años 60, pero Delibes no la terminó. Tuvieron que pasar casi veinte años para que encontrara la fórmula adecuada: estamos ante una novela social que incorpora las nuevas técnicas narrativas y que presenta una historia ambientada en una etapa unos veinte años anterior.

            La novela consta de seis libros que poseen una cierta autonomía, pero que presentan las distintas facetas de un todo común. Se titulan así: "Azarías", "Paco, el bajo", "La milana", "El secretario", "El accidente" y "El crimen". La estructura interna los agrupa en dos partes: los cuatro primeros por un lado y los dos últimos por otro. Los primeros presentan un mundo, el de un cortijo, probablemente de Extremadura, en los años sesenta en España. Si hacemos caso de la referencia a los 'veinticinco años de paz' del régimen franquista, nos encontraríamos en 1964 exactamente. En estos libros predomina la descripción, la repetición de acciones habituales y adquieren la función de presentar el marco de la narración mediante la presentación de los personajes; los dos libros finales poseen la clave narrativa. En un contexto ya definido, va a ocurrir un accidente y va a tener lugar un homicidio.

            El accidente podría parecer irrisorio, pues lo que ocurre es que el señorito Iván, arquetipo del mundo de los señores, se queda sin ayudante de caza cuando Paco, el bajo se fractura una pierna. Pero no lo es, porque ni el hijo ni el cuñado de Paco, el bajo, que lo sustituyen, van a ser del gusto del señorito y, entonces, en un marco de explotación sistemática y de vasallaje servil, se va a producir un desequilibrio, una situación de caos. Y de ella va derivar lo imprevisible: el señorito, un día en que la caza no se le da bien, mata a la "milana bonita" de Azarías; dispara contra ella, a sabiendas, y para resarcirse de una jornada en blanco. El pobre Azarías, un disminuido psíquico cuyo amor por las aves está presente desde el principio de la novela, esa misma tarde, cuando acompañe de nuevo al señorito, lo ahorcará colgándolo de una encina. Evidentemente, es una especie de justicia poética, una justa venganza de los desheredados contra el mundo de los señores. Y ha de ser 'un pobre loco' quien la lleve a cabo, pues de los cuerdos no se atreve nadie.  

            El tema es la denuncia de las condiciones casi feudales que aún existían en los años sesenta en España; la pobreza, la incultura y la marginación de unos seres -"santos inocentes"- que no merecen un destino tan injusto; además, la obra es un canto a la naturaleza, con la que se compenetran perfectamente las víctimas, frente a los señores, que solo se sirven de ella para esquilmarla. Todo ello con la connivencia del régimen franquista, del nacionalcatolicismo y de la clase aristocrática del país.

            El espacio y el tiempo ya los hemos señalado antes: un cortijo extremeño en el año 1964, visto desde una perspectiva histórica y literaria situada ya en los años ochenta. En lo que concierne a las técnicas narrativas, debemos señalar, junto a la división en 'libros' del relato, la voz del narrador. Este es quizá el hallazgo mayor de Delibes. La historia se cuenta como si la contara un campesino, cuyo nombre no se dice: la forma expresiva es la de los humildes. Palabras del campo, muletillas como "a ver", uso reiterativo de las conjunciones ilativas ("y, que"), el artículo vulgarizador delante de los nombres propios ("la Régula, el Azarías")… Todo ello converge en el estribillo "milana bonita, milana bonita", que se repite a lo largo de la novela y la convierte en una especie de poema dividido en seis tramos, los seis libros. A ello contribuye también el estilo: aunque toda la obra posee ese carácter unitario que le da la voz del narrador, Delibes permite que cada personaje se manifieste con su propia individualidad y, en lugar de marcarlo con los dos puntos, el guión o las comillas, lo hace mediante un salto de línea en cada parlamento directo y un sangrado de párrafo en la primera línea del mismo. A la vez, el autor prescinde del punto y seguido; toda la puntuación se remite a la coma, más escasamente al punto y coma,  y solo al punto final al terminar cada libro. El resultado es una obra dividida en seis tramos, cuya contextura poética se refuerza con el aspecto de poema que posee cada libro, que parece escrito en largos versículos sin ningún punto y seguido.    

            Los santos inocentes es quizá la novela de la que el autor se hallaba más satisfecho, es una obra capital en nuestra historia literaria reciente y posee la particularidad de ser una novela social, pero escrita desde la perspectiva de los años ochenta, lo que proporciona una crítica definitiva del régimen social y político imperante en España durante los años sesenta, y un ejemplo de cómo la temática social se puede tratar incorporando técnicas novelísticas que demuestran una clara preocupación formal y estilística.

                  

domingo, 2 de abril de 2017

Réquiem por un campesino español



VALORACIÓN CRÍTICA
DE
RÉQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL

 Comente los aspectos más relevantes de la obra que ha leído del período comprendido entre 1939 y 1975 en relación con su contexto histórico y literario.
            La obra que he leído de este período es Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender. Este autor es el novelista más importante de entre los exiliados. Nació en Chalamera (Huesca) en 1902 y murió en San Diego (California) en 1982. Desde la publicación de Imán, una novela sobre la guerra de Marruecos, ya figura a la cabeza de la "novela social" de la época, los años treinta. Y hasta 1936, año en que publica Mr. Witt en el Cantón y por la que obtiene el Premio Nacional de Literatura, va a publicar seis novelas, incluida la del premio, que lo convierten en el modelo de "escritor comprometido". Baroja dirá de él que era, en 1936, el escritor joven que más porvenir tenía en España, junto a García Lorca. Luego estalla la guerra y pierde a su mujer y a su hermano, antiguo alcalde de Huesca, fusilados. Tras recuperar a sus hijos, pasa a Francia y de allí, a América, hasta establecerse definitivamente en los Estados Unidos. Comienza un largo exilio: la soledad, la culpa, la memoria, la obsesión de la muerte le llevan a escribir entre 1939 y 1960 novelas fundamentales para la historia de la literatura española. Destacan las nueve novelas de Crónica del alba (1942- 1966), obra en la que evoca su propio pasado y las circunstancias históricas en que aconteció y, Mosén Millán, de 1953, que será retitulada más tarde Réquiem por un campesino español. En ella, trata el tema de la Guerra civil con técnica realista y, pese a su brevedad, es sin duda su obra maestra.
            En un pueblecito aragonés limítrofe con Lérida, el cura se prepara para decir una misa en sufragio de Paco el del molino; el monaguillo recita un romance que recrea la vida de Paco e informa a cada rato de que la iglesia continúa vacía. Tan solo aparecerán los tres ricos de la población: don Valeriano, don Gumersindo y don Cástulo. Estos ofrecerán pagar la misa y el cura rechazará la oferta, porque considera que el oficio de réquiem es cosa suya. Mientras dura la espera, el sacerdote evoca en un admirable contrapunto entre pasado y presente la vida de Paco, que ha sido fusilado un año antes, víctima de los odios desatados en la Guerra civil. Son numerosos los temas tratados: la injusticia social, la pobreza y la marginación, el odio, la venganza, la muerte…, pero sobre todos destaca el de la amistad y la traición. ¿Cómo Mosén Millán, que ha bautizado y casado a Paco, de quien se consideraba amigo,  puede denunciarlo, convencerle para que se entregue y, al confesarlo antes del fusilamiento, decirle estas palabras: -A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres ? . Este tema proyecta sus sombras sobre la función de la Iglesia católica en aquellos momentos, cuya pasividad la hizo cómplice de los poderosos, y sobre cualquier creencia, religiosa o no,  que justifique la inhibición ante la muerte de inocentes. Inocencia y culpabilidad es otro de los temas a los que nos enfrenta el autor.
            Los personajes principales son Paco el del molino y Mosén Millán. Son amigos, pero desde la visita a las cuevas, donde vivían los más pobres, para dar la extremaunción a un moribundo, Paco se irá distanciando del sacerdote: él no acepta la injusticia, mientras que el cura la justifica. Desde ese momento, descubre el lector que la brecha se va a ir haciendo cada vez mayor hasta llegar al trágico desenlace. Se ha visto en los personajes un fuerte contenido simbólico: si la aldea es España,  Paco el del molino es el pueblo; Mosén Millán, la Iglesia; 'los ricos' son la clase alta, la propiedad tradicional y los nuevos burgueses. Sucede que, ante el conflicto con el Duque, se imponen las fuerzas tradicionales apoyadas por el nuevo orden, nacido de la guerra, y la Iglesia se inhibe. Paco el del molino, el pueblo, es traicionado por Mosén Millán, la Iglesia, y entonces el pueblo dejará vacío el templo el día del réquiem, es decir 'el pueblo' se halla en contra de los poderosos y de la Iglesia.
            La estructura externa consiste en un texto seguido que carece de división en capítulos o secuencias, un texto unitario que se organiza en torno a nueve alternancias presente-pasado,  que nos cuentan la vida de Paco el del molino mediante la evocación de Mosén Millán, desde el bautizo hasta la detención, la confesión y la muerte. Al mismo tiempo, el monaguillo ha ido recitando un romance que recrea 'una vida literaria' de Paco, inventada por la imaginación popular, que va adelantando los acontecimientos que luego evocará M. Millán desde su conciencia culpable. Con ello, el texto sigue tres líneas: la narración del presente (seguramente en el año 1937), en tercera persona, con un narrador testigo; la evocación de Mosén Millán que, no obstante tratarse de sus recuerdos, está narrada mediante un narrador de 3ª persona omnisciente;  y el romance,  que añade un visión épico-lírica sobre el protagonista.
            El marco espacio-temporal está constituido por un pueblecito aragonés en la frontera con Lérida, un pueblo como tantos otros, con sus  campesinos, sus ricos y su cura, que se ven sacudidos por los acontecimientos históricos, sobre todo por el estallido de la Guerra civil. Este acontecimiento pone a cada cual en la situación crítica de definirse ante su propia conciencia. Al igual que los personajes, adquiere este pueblecito el valor simbólico de representar a España en uno de los momentos críticos de su historia.
            En cuanto al estilo y la lengua de Sender, la primera cualidad que destaca en su prosa es una sobria sencillez. En ella, lo vital y emotivo se impone a lo conceptual, de modo que salen beneficiadas  la naturalidad y la transparencia expresivas. Y, aunque el lenguaje es sencillo, eso no le quita a la obra la intensidad y la conmovedora profundidad que tiene. Réquiem por un campesino español se encuadra dentro de la "novela social" de posguerra y, en este sentido, debemos destacar los  rasgos que comparte con esta corriente novelesca característica de los años 50: prioridad del contenido, al que se subordinan las técnicas narrativas; la estructura del relato es aparentemente sencilla; desnudez y concisión en las descripciones; es propio de la novela social el personaje representativo (simbólico), tomado como la síntesis de una clase o grupo; técnicas derivadas del objetivismo: el novelista no aparece; el lenguaje adopta el estilo de crónica, desnudo y directo; uso de expresiones coloquiales o vulgares (“pa`heredarla”); uso de palabras populares (“hacer fuineta”, “echar roncas”, “pijaitos”).
             En conclusión, se trata de la obra maestra de Ramón J. Sender; una obra escrita en clave realista, pero cargada de una honda emoción y contenido simbólico. A la vez,  es una de las grandes novelas del exilio y de las que componen la corriente de la "novela social" en la década de los años 50. Y su autor Ramón J. Sender se ha convertido en un clásico de la literatura española contemporánea.

miércoles, 22 de marzo de 2017

La casa de Bernarda Alba



La casa de Bernarda Alba
             Obra dramática escrita en la primavera de 1936, poco antes de la muerte del propio autor. Parece estar inspirada en sucesos reales: Lorca la subtituló “Drama de mujeres en los pueblos de España”. Pero el contenido y proyección le dan una trascendencia incalculablemente superior y convierten La casa... en uno de las máximas expresiones del teatro lorquiano y en una de las mejores obras del teatro español del siglo XX.
            Lorca cuenta la horrible costumbre de los pueblos de la época que, como en este caso, al morir el marido de Bernarda, obligaba tanto a ella como a sus hijas a estar ocho años de luto, sin salir de casa. La autoridad está representada por la madre que hace cumplir a rajatabla este compromiso. La hermana mayor, Angustias, hija de un matrimonio anterior, es la única que tiene relación con el exterior, con su prometido que, a su vez, se acuesta con Adela, la benjamina de la familia quien representa las ansias de libertad. Poncia, la criada, aporta la poca alegría y frescura que se respira dentro de la casa gracias a sus chismes que traen noticias de fuera y a su carácter jocoso; pero Bernarda siempre corta su actitud con sequedad.
            Este encierro absurdo desemboca en un enfrentamiento entre Bernarda y Adela: esta última cree que Bernarda ha matado a su amante; entonces Adela, en su dormitorio, se ahorca y muere.
            El tema fundamental es, por tanto, el enfrentamiento entre la moral autoritaria, rígida y convencional, encarnada en Bernarda, y el deseo de vivir en libertad, encarnado por Adela y la abuela, Mª Josefa; además, Lorca trata otros temas secundarios como el ansia de amar y de la búsqueda de varón; la hipocresía, cifrada en las falsas apariencias; el odio y la envidia entre las hermanas; la injusticia social, la pobreza; la marginación de la mujer y el tema de la honra.
            La estructura responde a un esquema clásico de presentación, nudo y desenlace en los correspondientes actos, pero nos ofrece un ritmo interno cíclico y repetitivo: se empieza siempre en una situación en calma, se genera un conflicto y se acaba con un desenlace violento: el primer acto concluye con el encierro a la fuerza de la abuela; el segundo, con el linchamiento de la hija de la Librada y el último, con el disparo contra Pepe el Romano y el suicidio de Adela. Hay, pues, una especie de "crescendo" que culmina con la tragedia final.
              Los personajes protagonistas constituyen un coro que se opone a Bernarda; la odian porque se opone a la satisfacción de sus deseos: vivir, amar, ser libres. Entre ellos, se dan, a veces, sentimientos de envidia y odio también -recuérdese la relación de Martirio y Adela-; asimismo, está muy marcada la diferencia social: Poncia parece una amiga, pero, cuando interesa, se le hace ver que no es más que una criada a sueldo. Entre los personajes 'no visibles', destacan estos tres: Pepe el Romano, el catalizador del drama, pues todo se origina y concluye en él; los segadores, símbolo de la libertad y del amor, constituyen el mundo exterior, el que se rige por las estaciones del año frente al mundo cerrado y aislado de la 'casa'...Y la hija de la Librada, símbolo de quien se aparta de las normas y es linchada por quienes conjuran sus propios fantasmas proyectándolos sobre los demás; mujeres recocidas que castigan en otras el ardor de su propia sangre frustrada. Hay otro grupo, el de los aludidos, cuya única función es marcar algunos puntos del argumento: el marido muerto, puro pretexto para el luto; el novio de Martirio, para subrayar la frustración del personaje; Paca la Roseta, símbolo del deseo y la pasión de los hombres, a quien todo se les permite..., por eso, porque son hombres.
              El ambiente se centra en dos espacios: el interior y el exterior de la casa. El primero representa el mundo cerrado, la privación de libertad, la ausencia de amor, la frustración... Es un mundo de mujeres solas, tristes. El espacio exterior es el objeto de deseo: la libertad, el amor, la alegría.
              En cuanto a las técnicas teatrales, cabe destacar los apartes, las acotaciones y los monólogos, perfectamente integrados en la acción dramática. Pero el gran hallazgo de Lorca es el lenguaje: se parte de un lenguaje coloquial justo, preciso, con nervio..., que responde al enfoque realista de la obra; pero, sobre él, el autor construye un mundo de resonancias líricas, un mundo poético que acaba desbordando lo teatral y convirtiendo la obra en un símbolo. En este punto, La casa de Bernarda Alba proyecta su sentido universal dentro de la historia de la literatura,  pues podemos leer en ella la oposición entre quien se doblega a la mediocridad de una moral impuesta y quien se rebela contra ella para conseguir en su vida la libertad, el amor y la alegría de vivir.


jueves, 2 de febrero de 2017

jueves, 14 de abril de 2016

LA NOVELA Y EL CUENTO HISPANOAMERICANOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX.

TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES

EL TEATRO DESDE 1939 A FINALES DEL SIGLO XX




EL TEATRO, DE 1939 A FINALES DEL SIGLO XX

 
El teatro después de la Guerra Civil halla no pocas dificultades y condicionamientos. Unos, económicos, pues no existe mucho interés por parte de los empresarios; otros, ideológicos, ya que el régimen político impone una fuerte censura.

 1. Se distinguen, nuevamente, dos grandes tendencias. La primera es la del teatro ‘comercial’ en la línea de Benavente. Será la línea más apoyada por los empresarios pues supone poner en escena obras que no perturben al espectador, que carezcan de sentido crítico y que buscan el puro entretenimiento. Este teatro continuista cuenta con varios tipos: el representado por José María Pemán quien, en la línea del teatro poético anterior, defiende en sus obras valores como el de la  autoridad, la unidad de la patria, el heroísmo, el catolicismo..., es decir valores a través de los cuales lleva a cabo una clara defensa del régimen político imperante; un teatro de humor, magnífico, heredero de la audacia vanguardista del 27 y que está representado por dos grandes autores: Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa); y, por último, un teatro típicamente burgués, heredero de la alta comedia benaventina, y que presenta obras bien construidas, divertidas, donde domina la técnica del diálogo. Destaca, entre otros, Edgar Neville (El baile).

 Pero a finales de los años 40, se estrenará una obra, Historia de una escalera (1949) que va a dar a conocer a uno de los autores más importantes de todo el teatro de posguerra: Antonio Buero Vallejo. Si toda su producción va a estar dominada por un tema fundamental, ‘la búsqueda de sentido a la vida humana’, en estos años 40, Historia de una escalera constituye una auténtica revelación que escapa a las pautas del teatro comercial imperante y que pone sobre la escena un drama realista de enfoque claramente existencial, en la misma línea de lo que ocurre con la poesía y la novela. (Ver valoración crítica adjunta).

2. La segunda etapa de su producción (la de los años 50 y 60) presentará un teatro más complejo y de contenido, más que existencial, de carácter social y ético. Obras como El concierto de San Ovidio o El tragaluz serán las precursoras del teatro ‘social’. Un público nuevo, joven, universitario, y la leve apertura política del régimen propician la aparición de un teatro emparentado con la protesta social, en la misma línea de la poesía comprometida y de la novela social contemporáneas. Será un teatro sencillo y realista que va a denunciar problemas concretos, injusticias sociales y que los autores, en última instancia, utilizarán como instrumento para la denuncia social. De esta nueva generación, cabe destacar a Lauro Olmo (La camisa).

 

3. La tercera etapa de Buero Vallejo, de estilo experimental, con nuevas técnicas escénicas, y de contenido político, social y ético, conectará con el teatro de los años 70 y 80. Sus obras más destacadas de este período son La doble historia del doctor Valmy y La Fundación. El teatro de estos años supone la superación del ‘realismo’ mediante una estética experimental, europea y americana. Esta ‘nueva vanguardia teatral’ está constituida por un teatro crítico, hermético para la mayoría (obra de minorías). En este teatro, característico de los años 60 ya entrando en los 70, se pueden disitinguir distintas tendencias.

 

En el teatro comercial, destaca por estos años el teatro poético, simbólico y moralizante de Antonio Gala (Anillos para una dama) Por otro lado, el cansancio del realismo social da paso a un nuevo teatro que, sin abandonar la temática crítica, asimila las corrientes experimentales del teatro extranjero: teatro del absurdo (Ionesco); teatro dialéctico y político (Bertold Brecht); teatro total (Artaud); teatro pobre  (Grotowski); teatro underground (Living Theatre) . Este teatro ofrece dos variantes:

A)TEATRO EXPERIMENTAL DE AUTOR: de alto contenido crítico y grandes audacias verbales, que hacen de él un nuevo "teatro soterrado". Destacan Francisco Nieva (La carroza de plomo candente) y Fernando Arrabal (con su "teatro pánico" -Cementerio de automóviles- y su "teatro bufo"-Oye, Patria, mi aflicción-).

B) GRUPOS DE TEATRO INDEPENDIENTE: además de sus propias creaciones, representan obras del teatro social y del teatro experimental de autor. Destacan los grupos catalanes: Els joglars,  Els Comediants, Teatre Lliure y La Fura dels Baus.

 


4. En esta etapa, situamos el teatro que se hace a partir de la llegada de la democracia. Mejoran las condiciones para el desarrollo del teatro (sin censura y subvencionado). Con todo, por razones económicas, predominan los montajes austeros (centrados en la palabra y el gesto), frecuentemente con solo dos  personajes y con monólogos, como la exitosa adaptación de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes. Los autores jóvenes se abren paso gracias a un público juvenil. Se observa una dispersión de tendencias, aunque en general prevalece un claro retorno a la línea tradicional y un retroceso de la vanguardia. Podemos señalar algunas tendencias:


LÍNEA VANGUARDISTA:


FRANCISCO NIEVA (Caperucita y el otro)



 

 

 

LÍNEA REALISTA TRADICIONAL:


FERNANDO FERNÁN GÓMEZ (Las bicicletas son para el verano)

JOSÉ SANCHÍS SINISTERRA (¡Ay, Carmela)



 
COMEDIA URBANA O DRAMA URBANO:

J.LUIS ALONSO DE SANTOS (La estanquera de Vallecas, Bajarse al moro).

JUAN MAYORGA (Alejandro y Ana)

 

TEATRO ESPECTÁCULO: montajes  en los que prima lo visual sobre lo verbal.

ELS COMEDIANTS (Dimonis)

 
LA FURA DELS BAUS (Ombra)

 

 





 

 

 EL TEATRO, DE 1939 A FINALES DEL SIGLO XX

 

  1. El teatro después de la Guerra Civil se enfrenta a graves dificultades debido a…
    1. La falta de obras dramáticas..
    2. El poco interés de los empresarios y la censura que impone el régimen.
    3. La escasez de teatros.
    4. El poco interés del público.
  2. Sola una de las afirmaciones es falsa…
    1.  El teatro comercial sigue la línea de la alta comedia de Benavente.
    2. Sus obras carecen de sentido crítico.
    3. Es el teatro de mayor calidad.
    4. Sus obras buscan el puro entretenimiento.
  3. El teatro del régimen, representado por José María Pemán, …
    1. Es surrealista en la línea de García Lorca
    2. Defiende los valores tradicionales: autoridad, unidad de la patria, el heroísmo, el catolicismo.
    3. Es de carácter existencial.
    4.  Es de carácter simbólico.
  4. El teatro de humor, magnífico, heredero del ingenio y de la vanguardia del 27, cuenta con dos grandes autores:
    1. Antonio Buero Vallejo y Antonio Machado.
    2. Lauro Olmo y Fernando Fernán Gómez.
    3. Enrique Jardiel Poncela y Miguel MIhura.
    4. García Lorca y Valle-Inclán .
  5. En los años cuarenta, de la mano de Buero Vallejo, se inicia un teatro de calidad que se distingue por…
    1. Su carácter poético.
    2. Su  carácter existencial ( la Familia de Pascual Duarte e Hijos de la ira.)
    3. Su carácter comercial.
    4. Su carácter cómico.
  6. Historia de una escalera es la precursora de esta orientación y se caracteriza por…
    1. Estar centrada en las grandes ciudades.
    2. Servir de propaganda al régimen.
    3. Incidir sobre “la búsqueda de sentido a la vida humana”.
    4. Ser una obra cómica.
  7. En los años 50/60, Buero Vallejo con El concierto de San Ovidio y El tragaluz participa también del teatro social, caracterizado por…
    1. La denuncia social, en línea con la novela y la poesía.
    2. La experimentación teatral.
    3. La literatura de evasión.
    4. La importancia de la escenografía.
  8. Junto a Buero, en el giro hacia el teatro experimental, se cuentan otros autores…
    1. Los hermanos Machado
    2. Valle, Lorca
    3. Els Joglars, Francisco Nieva, Francisco Arrabal.
    4. Benavente, Edgar Neville
  9. A partir de los años 80, se vuelve a un teatro de corte realista, más tradicional en el que triunfan…
    1. F. Fernán Gómez y Alonso de Santos
    2.  Valle, Lorca
    3. Els Joglars, Francisco Nieva, Francisco Arrabal.
    4. Benavente, Edgar Neville
  10.  El tema de Historia de una escalera es…
    1. Cómo la vida se repite sin esperanza para nadie,
    2. Cómo las generaciones de los mayores fracasaron en su intento de ser felicies.
    3. Cómo la vida se repite, pero los jóvenes, tal vez alcancen sus sueños.
    4. Cómo la escalera los atrapa a todos sin remisión.

VALORACIÓN CRÍTICA DE HISTORIA DE UNA ESCALERA


VALORACIÓN CRÍTICA DE HISTORIA DE UNA ESCALERA
DE ANTONIO BUERO VALLEJO

 

 

Historia de una escalera  fue estrenada en el Teatro Español de Madrid la noche del 14 de octubre de 1949 –fecha clave del teatro y de la literatura española de posguerra-, con un clamoroso éxito. Se trata de un drama dividido en tres actos que transcurren en tiempos muy diferentes: el primero, en 1919, un día en que los vecinos deben pagar el recibo de la luz; el segundo, en 1929, cuando tiene lugar el entierro del señor Gregorio; y el tercero, en 1949, año que coincide con el presente del espectador, en la fecha de cumpleaños de Manolín, uno de los personajes.

 

 Aunque se mantenga esta división clásica en tres actos, el contenido no se ajusta al esquema clásico o tradicional de planteamiento, nudo y desenlace. Más bien, debemos hablar de estructura cíclica o repetitiva con un final abierto. En efecto, cada acto conlleva una fuerte disputa entre personajes y una declaración amorosa; la continua repetición de hechos, palabras o ideas obliga constantemente al espectador a comparar lo que ve representado en ese momento con lo que ha visto antes. Se trata de sucesos cotidianos que se repiten invariablemente a lo largo de los años (hábitos sociales como las expresiones de consuelo ante la muerte de alguien, las relaciones de vecindad con sus filias y sus fobias, la cotidiana bajada a la compra, el pago de los recibos de luz...) y de situaciones afectivo-amorosas que, tras una trama de amores cruzados, y frustrados, entre los personajes principales (Fernando-Elvira; Urbano-Carmina) culminan en la declaración de Manolín, hijo de la primera pareja, a Carmina, hija de la segunda. Esta situación final reproduce la de treinta años antes entre Fernando y Carmina, frustrada por las circunstancias de una existencia gris, e incluso mezquina, ligada a una ‘escalera’ que suben y bajan constantemente, y de la que no han podido liberarse.

 

Esta escalera es el símbolo del paso del tiempo, pero también de la inmovilidad social y del fracaso personal. ¿Van a conseguir Manolín y Carmina hacer realidad sus sueños: ascender en la escala social y, superando los odios de sus mayores, ver culminado su amor en el matrimonio? En otras palabras: ¿van a lograr liberarse de la ‘escalera’? Si atendemos a la estructura cíclica que hemos comentado, habría que decir que no: estarían condenados a repetir el fracaso de sus padres. Pero, curiosamente, en la escena del primer acto en que Fernando comunica a Carmina sus proyectos y le confiesa su amor, se derrama la lechera que llevaba la joven: como en el cuento de La lechera, es el símbolo de las ilusiones que no se cumplirán; mientras que, al final, el autor se cuida de no intervenir tan explícitamente y, aunque la escena que protagonizan los jóvenes, es observada por sus padres con infinita melancolía, cabe la posibilidad de creer que la historia puede cambiar. Buero habría dejado abierto el final para que el espectador contemporáneo, que se habría visto perfectamente reflejado en los personajes de la obra, pusiera el suyo propio: ello implicaría empeño e integridad, condiciones imprescindibles, después de haber asistido al fracaso de los personajes pertenecientes a las generaciones anteriores.

 

Historia de una escalera es la historia de vidas frustradas en lo personal, en lo social y, sobre todo, en lo existencial. La sordidez de la vida, ligada al símbolo de una escalera de casa de vecindad, muestra el vacío de unos personajes condenados a repetir monótonamente las mismas acciones de sus predecesores. Eso sí, con una puerta abierta a  una débil esperanza. En este sentido, es un fiel reflejo de la posguerra, caracterizada, desde un punto de vista social, por la pobreza, la impotencia y la resignación; y desde un punto de vista personal, por la angustia existencial, por el desengaño que provocan las ilusiones frustradas. En este sentido, conecta con las preocupaciones existenciales que se manifiestan tanto en la novela de Cela (Pascual Duarte), como en la poesía de Dámaso Alonso (Hijos de la ira).  

  

LA NOVELA DE 1975 A FINALES DEL SIGLO XX


TEMA 12.  LA NOVELA ESPAÑOLA DE 1975 A FINALES DEL SIGLO XX.

            La crítica se plantea reiteradamente esta pregunta:  ¿hubo un cambio sustancial en la narrativa española tras la muerte de Franco? Para unos, no hubo ningún cambio: las famosas obras maestras guardadas en los cajones por miedo a la censura nunca fueron encontradas; para otros, los más jóvenes, apoyados por las editoriales que les publicaban, sí que hubo tal cambio. Si nos situamos en una posición intermedia, hay que decir que son rasgos indudables de estas novelas el aperturismo y la franqueza, es decir la escritura en libertad sin traba alguna de la censura. 

            La pregunta siguiente es esta otra : ¿ a qué se debe el auge de la producción novelística en estos últimos cuarenta años? La respuesta la vamos a encontrar en la vuelta a la 'narratividad', es decir la vuelta a la  novela que  recupera el placer por contar frente al compromiso social (50-60) y al experimentalismo de los años 60-70. Interesa más la historia que la forma como está contada y, lógicamente, esto implica mayor popularidad.

            Este auge novelístico provoca alguna consecuencia negativa: un crítica poco exigente y unas editoriales muy poderosas, gracias a los premios literarios, distorsionan la producción novelística hasta el punto de que novelas mediocres se hacen pasar por grandes obras, y viceversa.

            Ahora bien, aun dentro de un panorama literario muy complejo,  podemos caracterizar la novela de los últimos cuarenta años por lo siguiente: el individualismo de los autores y la pluralidad de tendencias. En efecto, los autores no forman 'grupos' o 'generaciones' tal y como los hemos conocido en el caso del realismo social o del experimentalismo; y tampoco es posible hablar de una tendencia común, pues encontramos relatos históricos, eróticos, amorosos, policiacos, autobiográficos, intimistas, irónicos, sarcásticos, desmitificadores del compromiso de los años 50-60, metaliterarios…Sí es posible, al menos,  hablar del agrupamiento de estos autores en cuatro generaciones cronológicas:

            a) narradores de la posguerra: Cela, Delibes y Torrente Ballester.

            b) autores del realismo social: Juan Marsé, Juan Goytisolo, Ana María Matute y Rafael Sánchez Ferlosio…

            c) escritores que empiezan a publicar en torno a los años 70: Eduardo Mendoza, Jose María Guelbenzu, José María Merino, Luis Mateo Díez, Manuel Vázquez-Montalbán, Juan José Millás…

            d) la generación de los más jóvenes: Antonio Muñoz Molina, Javier Marías, Luis Landero, Paloma Díaz Mas, Almudena Grandes, Luisa Castro, Belén Gopegui…

            Entre las tendencias más destacadas, hemos de señalar lo que se ha dado en llamar el 'realismo renovado' que se basa en la reacción antirrealista contra el experimentalismo de los años 60-70. Se trata de novelas realistas en las que se presenta la confusión del hombre moderno porque ha perdido la fe en un proyecto futuro: sus personajes son seres desorientados, desvalidos, en busca de sentido. La trama posee un progreso lineal y se desarrolla generalmente en un espacio urbano. Son ejemplos e esta tendencia: Corazón tan blanco  (1992) de Javier Marías; El jinete polaco (1991) de Muñoz Molina; Juegos de la edad tardía (1989) de Luis Landero.

            La novela policiaca es otra de las tendencias. En la década de los setenta se produce una invasión de traducciones de clásicos de la novela negra, policiaca o de crimen (Dashiell Hammet, Raymond Chandler…) que va a propiciar el éxito de un género que no tenía una gran tradición en España. Los autores se dividen entre los que adaptan los modelos clásicos (Andreu Martín y Juan Madrid) y los que llevan a cabo una transgresión de estos modelos añadiendo a la trama criminal un análisis social y político, y una reflexión cultural, siempre en tono de parodia. De este modo, la novela policiaca se convierte en una crítica mordaz de la sociedad española. Destacan Manuel Vázquez Montalbán con la serie de novelas protagonizadas por el célebre detective Carvalho y Eduardo Mendoza, cuya obra  La verdad sobre el caso Savolta (1975) se considera la pionera del gusto por narrar e incluye pasajes de folletín, novela rosa, crónica de sucesos y novela negra. Su experimentación con la novela policiaca contará con títulos tan conocidos como El misterio de la cripta embrujada  (1979), El Laberinto de las aceitunas (1982) y La ciudad de los prodigios (1986).

            La novela histórica debe su éxito en España a la influencia de grandes novelas europeas: Yo, Claudio, Robert Graves; Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; Juliano, el apóstata, de Gore Vidal y El nombre de la rosa, de Umberto Eco. La novela se concibe como una mezcla de ficción más documentación histórica exhaustiva y se divide en dos clases: novelas que recrean el pasado, sin cuestionarlo, y las que lo cuestionan como es el caso de Vázquez Montalbán en Galíndez y Autobiografía del General Franco.

            La novela metaficticia es un relato en el  que el autor  reflexiona sobre temas literarios que afectan a la propia creación. Podemos señalar El desorden de tu nombre (1987) de Juan José Millás; Crónica del desamor (1979) de Rosa Montero y Antofagasta (1987) de Ignacio Martínez de Pisón.

            Entre los más jóvenes, los nacidos en torno a 1965, se imponen dos corrientes: la continuadora de todo lo anterior, aunque en un tono menor, más intimista, que cuenta con nombres como Javier Cercas y Belén Gopequi; y otra dirección que ha recibido el nombre de realismo sucio. Estas  novelas están marcadas por el conflicto generacional, la redefinición de la familia, sexo, droga, alcohol…y admiración por los mitos de la cultura norteamericana. Utilizan un lenguaje desgarrado y cargado de coloquialismos. Ray Loriga y José Ángel Mañas son dos de sus autores representativos.

 

Enlace para documental de UNED sobre "La novela española desde 1975 hasta nuestros días"

http://lengua-castellana-y-literatura.blogspot.com.es/2009/06/la-novela-espanola-desde-1975-hasta.html